MAYO
Lobelia laxiflora
Aretitos, cúralo todo, jarritos
En los senderos húmedos del bosque de niebla, entre claros y taludes, en esta época aparece una planta que da color a la penumbra con sus flores tubulares rojas y naranjas: la Lobelia laxiflora. Conocida en distintas regiones de México como “aretitos”, “cúralo todo”, “jarritos” o “zarcillo”, esta especie nos recuerda que la biodiversidad no solo se mide en formas y colores, sino también en historias y saberes.
Lobelia laxiflora pertenece a la familia Campanulaceae. Es una hierba perenne, rizomatosa, que puede alcanzar entre 20 cm y 2.5 m de altura. Sus tallos son erectos o decumbentes, verdes en la parte superior y con tonalidades moradas o amarillentas en la base; ramificados, de consistencia herbácea. Posee hojas simples, alternas, de forma lanceolada a ovada, con márgenes finamente aserrados y que miden entre 3 y 15 cm de largo; su ápice es agudo y con la base atenuada. Posee inflorescencias en racimos terminales o axilares, laxos, con varias flores tubulares.
Precisamente, sus flores tienen corola tubular, zigomorfa, de 3 a 10 cm de longitud, con lóbulos desiguales. Lo más llamativo de ellas es su coloración, que es rojo intenso, naranja o amarillo y muy frecuentemente bicolor. Sus frutos son cápsulas pequeñas, dehiscentes, que contienen numerosas semillas diminutas, elipsoidales, de aproximadamente 0.6 mm de longitud. Los racimos de flores de la Lobelia laxilflora aparecen principalmente en primavera y verano, aunque en climas húmedos puede presentar floración prolongada.
Esta modesta planta se desarrolla en bosques mesófilos de montaña, bosques de pino-encino y áreas húmedas con sombra parcial. Prefiere suelos bien drenados y se adapta a taludes, orillas de caminos y ambientes perturbados. Es una especie nectarífera, muy visitada por colibríes, abejas, mariposas y otros insectos polinizadores. Está distribuida en las regiones cálidas y templadas desde el suroeste de Estados Unidos hasta Sudamérica.
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En nuestro país, además de su valor ornamental, ha sido parte de la medicina tradicional de las comunidades originarias y campesinas, Se le atribuyen propiedades expectorantes y antiasmáticas y se emplea incluso para aliviar padecimientos en animales domésticos. La riqueza cultural que rodea a esta planta se refleja en sus nombres indígenas: acaxóchitl, chilpanxóchitl, pipilxíhuitl en náhuatl; gui-xi-xtilla-to en zapoteco; li-ja-i-rá en chinanteco. Cada palabra es un puente entre lengua, territorio y memoria, y nos invita a reconocer la diversidad cultural que acompaña a la diversidad biológica.
Investigaciones recientes han demostrado que extractos de Lobelia laxiflora poseen actividad antiinflamatoria y neuroprotectora, con potencial en el tratamiento de enfermedades como el Alzheimer. Así, lo que alguna vez fue remedio casero se convierte en objeto de estudio en laboratorios contemporáneos.
Visita el Jardín Botánico Clavijero y el Santuario del Bosque de Niebla, donde celebramos a la Lobelia laxiflora como símbolo de encuentro entre lo ornamental, los saberes tradicionales y la ciencia. Observar sus flores es recordar que cada planta guarda un lenguaje oculto: el de la belleza que atrae, el de los saberes que curan, y el de las posibilidades que aún están por descubrir.

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